Es
una interesante afirmación aparecida en El Pais Semanal (01/11/09), atribuida a W.D. Brown,
que nos va a permitir oponerla a la concepción que se tiene sobre un deportista
cuando no logra subir al podium en
una cita importante, como los Campeonatos del Mundo o los JJ Olímpicos, y que guarda estrecha realción con el arte de la Resiliencia.
En
el mismo artículo se destaca la importancia de esta capacidad (B. Cyrulnik),
para obtener éxito en la vida y la define como:” la capacidad de realizarse y
de ser feliz, independientemente de lo traumático o de lo adverso que hayan
sido las experiencias pasadas de la persona”.
Una
de las claves es entender que cada vez que cometemos errores o nos equivocamos, independientemente de las consecuencias que tengan, es una oportunidad para seguir aprendiendo y, si persistimos, llegar a realizar cosas extraordinarias, que
inicialmente pudieran parecer que se encontraban fuera de nuestro alcance.
En
el ámbito deportivo, el modelo resultadista genera demasiados costes inversos en los deportistas precisamente
porque el valor prioritario es el resultado, por encima de la mejora, del
crecimiento personal y del bienestar psicológico del deportista.
En
este modelo, las contingencias del éxito se encuentran fuera de control del
deportista, lo que le lleva a situaciones de alta incertidumbre en la que se
dispara la ansiedad. La ayuda se le otorga al deportista una vez se ha obtenido
el resultado, es dedcir “a toro pasado”, por lo que es inexistente la relación
entre la inversión y el trabajo realizado durante años antes de conseguirlo con dicha ayuda.
Además,
al sustituir la motivación intrínseca por la extrínseca, debido a la influencia
de las recompensas obtenidas (resultado-recompensa), se abre el camino hacia la
amotivación, que es la dimensión motivacional causante de la mayoría de los abandonos que se producen en el alto
rendimiento, antes de que finalice de forma natural la “vida deportiva” de los
deprotistas.